Puede
que la inmovilidad de las cosas que nos rodean nos halla sido
impuesta por nuestro convencimiento de que son lo que son, por la
inmovilidad de nuestro pensamiento respecto a ellas.
(Marcel
Proust, À la recherche du temps perdu)
Desgraciadamente el conocimiento que tenemos de la Biblia nos llega casi siempre a través de alguna religión. Estos tristes hijos de la relación sadomasoquista que mantienen la ignorancia y el narcisismo, se empeñan en presentar las Escrituras como una unidad dogmática que transmite los mismos conceptos desde génesis 1: 1 hasta apocalipsis 22: 21. Nada más lejos de la realidad.
La primera vez que la leí, me llamó poderosamente la atención constatar en cada página precisamente todo lo contrario: una evolución, la del pensamiento humano. Un cambio que podríamos observar igualmente analizando cualquier otro conjuto de textos que abarque varios siglos. Esta evolución explica por sí sóla las contradicciones que vemos en el texto bíblico sin necesidad de descalificarlo, dejándonos como única opción insultar a los que de verdad se lo merecen: aquellos que pretenden conocer algún tipo de Verdad Absoluta.
En esta entrada veremos cómo evoluciona la fe, apoyándonos siempre en el texto bíblico citado en su contexto histórico y sociocultural, lo cual supone una tremenda innovación frente a la exégesis a la que nos tienen acostumbrados los creyentes. Dada la enorme cantidad de versículos referidos, he preferido colocarlos en forma de notas a pie de página para evitar constantes interrupciones en la lectura.
Durante la redacción tuve muy
presentes a mis sempiternos colegas Luis y Jorge, a quienes pertenecen muchas de las reflexiones que me han traído hasta aquí. Esta entrada es un
humilde homenaje a todas esas botellas tan bien conversadas.
En
general, las civilizaciones antiguas mantienen una estrecha relación
entre lo sagrado, el mundo y la palabra. Según evoluciona esta
tríada vemos una continua recesión de lo sagrado, y gracias al
amplio espectro temporal que cubre la Biblia podemos rastrear en ella
este proceso.
Al
principio lo sobrenatural no es una substancia espiritual opuesta a
la material, sino la complicación de lo natural respecto al
individuo: el nombre del dios es el grito de espanto ante lo que se
desconoce en la naturaleza, los
dioses de Abraham y los dioses de Najor juzgarán. Jacob juró por el
Terror
de su padre Isaac.
(Gen
31: 53)1.
Signo
y símbolo se separan, pero todavía están contenidos en lo
material; la primera religiosidad experimenta lo sagrado como algo
inmanente a su forma externa: la tormenta es un hecho físico y es
también el dios de la tormenta. La realidad palpable y su esencia
están unidas por el lenguaje, que hace las veces de pegamento.
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Anton van Dyck, Moisés y la serpiente de bronce |
En
esta primera etapa sólo se concibe lo material, que el lenguaje
divide en sus diversas manifestaciones sin enfrentarlas. No hay alma,
pero tampoco cielo ni infierno. Las buenas y malas potencias, la
salud y la enfermedad, etc., estaban vinculadas al igual que el nacer
y el perecer, la vida y la muerte, el invierno y el verano... En lo
ritual domina la creencia, común entre los pueblos primitivos, de
que cosas semejantes producen efectos paralelos, por eso cuando el
pueblo de Israel vagaba por el desierto Moisés
hizo una serpiente de bronce
y la puso sobre un
asta;
y cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la
serpiente
de bronce y se curaba. (Num
21: 9).
La
palabra es un elemento inseparable de lo nombrado y fuente de poder
sobre él. Esta tríada sagrado-mundo-palabra se constata en la
Biblia: Dios crea a los animales para que sirvan de ayuda al primer
hombre, y pide a Adán que les de un nombre para que así queden a él
supeditados2.
Una de las creencias más arcaicas
es la del "señor de los animales", un super-hombre ligado
a una forma de vida cuyos únicos recursos son la caza y la
recolección, es decir, a una humanidad que no produce sus medios de
subsitencia, sino que se contenta con apropiarse de lo que se halla a
su alrededor. Este ser sobrehumano vive en la naturaleza, opuesta a
los campos o pueblos regidos por las reglas y conceptos humanos del
Bien y del Mal, pero Adán por conocerlos se volvió mortal3
y fue expulsado del jardín del Edén para labrar la tierra4.
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Theophanes el Cretense, Adán nombrando a los animales |
Con
el fin del nomadismo el orden social se constituyó sobre la base de
la propiedad estable, separándose el dominio del trabajo. Así se
consigue una premisa necesaria para llegar a la abstracción: la
separación del objeto respecto al sujeto que el amo logra mediante
el servidor. A la sedentarización sigue el interés por fijar la
palabra, y desde que el lenguaje entra en la historia sus amos son
sacerdotes y magos. Quien ofende a los símbolos cae en manos de
tribunales terrestres en nombre de los poderes sobrenaturales: el
dios supremo entre los dioses nace en este contexto.
El
camino hacia el monoteísmo no es ni mucho menos un cambio radical
fruto de una revelación puntual. El paso intermedio se conoce como
henoteísmo, y se caracteriza por la monolatría: se reconoce la
existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos es
suficientemente digno de adoración por parte del fiel5.
Así mismo, la divinidad actua sobre una zona determinada, fuera de
la cual su poder se ve seriamente reducido.
En
la Biblia hay innumerables ejemplos de esta forma de religiosidad. Es
notable que nunca se niegue la efectividad de adivinos y sacerdotes
de otros cultos6.
El problema de las otras creencias no es que no sean efectivas en
absoluto, sino que su práctica enfada al Señor porque considera que
los idólatras no confían en Él lo suficiente y eso le pone
celoso7.
Mi ejemplo preferido es la historia del rey sirio Naamán, que se da
cuenta del verdadero poder del dios de Israel al ser curado de lepra
mediante los rezos del profeta Eliseo, y decide adorarle:
Volvió
con su comitiva y se presentó al hombre de Dios, diciendo: -Ahora
reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel.
Acepta un regalo de tu servidor.
Eliseo
contestó: -¡Vive el Señor, a quien sirvo! No aceptaré nada.
Y
aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: -Entonces que
a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de
un par de mulas; porque
en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a
otros dioses fuera del Señor.
(2
Re 5: 15-17)
Desde
el punto de vista del henoteísmo Naaman necesitaba tierra, porque al
sacrificar a Yahvé debía tener las plantas de los pies en suelo de
Israel, de otro modo no serviría de nada. Si se llevaba a Damasco
cierta cantidad de tierra israelita, se crearía una pequeña isla
sobre la cual tendría poder la divinidad. Y continua:
Y que el Señor me perdone: si al
entrar mi señor en el templo de Rimón para adorarlo se apoya en mi
mano, y yo también me postro ante Rimón, que el Señor me perdone
ese gesto.
Eliseo le dijo: -Vete en paz.
(2
Re 5: 18 - 19)
Naamán
no sólo pide permiso para llevarse tierra de Israel y poder adorar a
Yahvhé en ella, también avisa al profeta de que no podrá evitar
adorar a otros dioses, y Eliseo asiente sin rechistar como si fuera
perfectamente lógico.
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Caravaggio, David mostrando la cabeza de Goliat |
La
primera expresión del nuevo orden es el estertor de lo que acaba de
morir. El agricultor asentado ve la antigua vida nómada como el
ideal de consonancia con la naturaleza, de la misma manera que el
urbanita moderno idealiza la vida en el campo. En la Biblia Adán y
Eva viven en el Edén, pero al adquirir la sabiduría, son castigados
por Dios a dejar su vida de cazador-recolector para dedicarse a la
agricultra8,
convitiéndose en nuestros padres primigenios9.
Sus descendientes son el agricultor sedentario Cain y el pastor
nómada Abel10,
y Yahvhé prefirió al segundo dando lugar al primer homicidio11.
El último coletazo de esta nostalgia está en el cuento del
neolítico pastor nómada David derrotando al metalúrgico guerrero
Goliath de una pedrada12,
y como
David no llevara espada, corrió junto al filisteo y le arrebató la
suya; la desenvainó, lo remató y le cortó con ella la cabeza (1
Sam 17: 51). Así
pasamos a la siguiente etapa.
En
lugar de los espíritus tutelares de la familia y los demonios
locales13
aparece el cielo y su jerarquía14,
en lugar de las antiguas prácticas exorcizantes del mago y de la
tribu15,
el sacrificio graduado jerárquicamente (venimos hablando de esto
aquí),
y el trabajo de los esclavos es mediatizado mediante el mando
institucionalizado16.
Yahvhé, expulsado de la tierra para gobernar en el cielo, se venga
instituyendo la monarquía, que la Biblia presenta como un castigo
divino17.
Las
Escrituras dejan bien claro que todos los reyes fueron
malos a los ojos del Señor, no
le rindieron culto exclusivo y siguieron practicando el henoteísmo
tradicional18.
Yahvhé tenía una posición preeminente como protector de Jerusalem
y de la linea dinástica de Judá (no de Israel19),
pero nadie le rendía culto monoteísta propiamente dicho.
Israel
fue arrasada por el imperio Asirio20,
que conquistó también todas las ciudades de Judá dejando a su
capital completamente aislada21,
¿acaso
alguno de los dioses de los otros pueblos pudo salvar a su país del
poder del rey de Asiria? (2
Re 18: 33) No, en consecuencia Ezequías, rey de Judá, decidió
pagar un humillante tributo a Senaquerib, rey de Asiria22.
Ezequías
había pedido ayuda
a Egipto, que le dejó en la estacada23.
Ahora pacta con Babilonia24,
una decisión duramente criticada por los yahvhistas, que la
consideraban como una falta de confianza en su dios25
siendo Asiria no más que el instrumento del Señor para castigar los
pecados de Israel y Judá26.
Esto ilustra el cambio de mentalidad que nos dará pie para el
siguiente estadio: Yahvhé puede trascender las fronteras de su
reino, simpre que los destinatarios de sus acciones sean sus
súbditos.
Ezequías
fue un rey bastante inteligente y diplomático, consciente de que si
quería morir de viejo no podía enfrentarse a Asiria abiertamente y
en solitario. Para calmar a la casta sacerdotal de Jerusalem permitió
una profunda reforma religiosa, quitó
los santuarios paganos, hizo pedazos las piedras sagradas, rompió
las representaciones de Asera y destrozó
la serpiente de bronce que Moisés había hecho
y a la que hasta entonces los israelitas quemaban incienso y llamaban
Nehustán (2
Re 18: 4).
Babilonia
resultó un arma de doble filo para
siguientes generaciones. Cuando
el poderoso imperio acabó con Asiria27
y resolvió sus problemas con Egipto28,
volvió a acordarse del pequeño reino tributario. Jerusalem,
asediada por el ejército enemigo, se lanzó a un fervoroso,
sanguinario y desesperado culto a Yahvhé29
con la esperanza de que la divinidad interviniese en favor de la
ciudad, pero mejor no
confiéis en esos que os engañan diciendo: ¡Aquí está el templo
del Señor, aquí está el templo del Señor!
(Jer 7: 4).
En
la siguiente entrada veremos cómo terminó el asunto con Babilonia,
que supondría el comienzo de la Biblia tal cual la conocemos hoy
día...
Notas:
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